DESTINOS   Leave a comment

 
Yo, solar de tiempos muertos,
de cielos nuevos y espejos eternos,
dejo tras de mi la estela de tus besos,
las promesas de una vida de te quieros
gastados en tardes sin sustento.
 
Tu, fragancia nocturna, adoptiva,
flor de cenizas petrea y difusa,
tienes tras de ti el rumor de los testigos,
la esperanza de la edad sin abrigo,
el verbo callado, el rincón moribundo.
 
Abriré, abrirás,
la cluaca del destino,
la cerrazón de las culpas,
la lápida de sueños,
      entonces,
      el corazón del jilguero callará por siempre
      o surjirán fantasmas que morirán en paz.
 
 
E. Rivadeneyra
 
 

Publicado 17 agosto, 2008 por Eugenio Rivadeneyra Pasquel en Poesía

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