FIDELIDAD   Leave a comment

 
No fueron esos momentos los mas queridos, ni tus ojos que deslumbraron mi camino; no fueron tus pasos sigilosos los que colmaron de ternuras mis pensamientos, no fueron tus sonrisas el deleite de una copa aún no servida, como no fueron tus encantos de mujer, la magenta de tu estirpe encantadora, gala de aire que me envuelve.
 
No amor, es mi mente, ésta intuyente necesidad de conocerte, de saberte con certeza envuelta en el pétalo preciso de mujer entera; de recordarte a las diez y a las doce en que vienes a mi como la púrpura melodía de alguna tonada versada en la sonata de mi corazón. Es tu canto que se apaga con el ocaso y se agita silenciosa al amanecer; es tu rostro ambiguo como ambivalente, extracto del aroma con que te vistes de amor para desnudarte amorosa, amante en el silencio de los ramilletes dulces, votos a la presencia de la fidelidad.
 
 
E. Rivadeneyra

Publicado 5 enero, 2009 por Eugenio Rivadeneyra Pasquel en Poesía

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